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EL MANAR “REFUGIO BOTÁNICO”

La sierra del Manar se encuentra situada en la parte occidental del Parque Natural de Sierra Nevada con una altitud máxima de 1520 m. sobre el nivel del mar, representados por el Cerro de la Silleta, junto con otros de menor altitud como El Alto de las Vacas (1305 m.), Los Albatrales (1304 m.), La Cruz de la Atalaya (1242 m.) o Las Rajas (1225 m.).

Forma parte de un gran acuífero correspondiente a la formación carbonatada del manto del Trevenque, constituyendo un gran almacén de agua subterránea que abastece a diferentes manantiales como La Mina de la Purísima, La Fuente de la Zorra, El Aguadero o La Fuente del Cerro Penitente.

Foto mina de la purísima Desde el punto de vista geológico se trata de una formación carbonatada constituida por dolomías con intercalaciones de calizo-dolomíticas y calizas marmóreas.
La vegetación natural está representada por pinares-sabinares edafoxerófilos autóctonos, mezclados con pinares de repoblación que se caracterizan por ser más densos y poseer menos variedad de especies. Estas plantaciones se realizaron en la década de los 50, de forma manual, por lo que la destrucción del suelo fue mínima. En aquellas zonas donde la densidad de pinar es baja se está facilitando la reintroducción de especies propias del matorral mediterráneo, lo que permite una recuperación natural de estos pinares.

En el pinar-sabinar la sabina mora (Juniperus phoenicea) y el pino resinero (Pinus pinaster subsp acutisquama), están acompañados por otras especies como espinos negros (Rhamnus myrtifolius, Rhamunus lycioides subsp velutinus), enebro (Juniperus oxycedrus), torvizco (Daphne gnidium) o madreselva (Lonicera splendida).

En las arenas dolomíticas, tan características en esta zona, los suelos que se presentan son muy pobres en nutrientes y tiene poco capacidad de retención de agua, debido a su estructura suelta y arenosa, lo que sumado a la presencia de magnesio, elemento letal para muchas especies, origina una especialización, y en consecuencia un mayor interés desde el punto de vista ecológico, ya que sólo algunas plantas son capaces de sobrevivir en estas condiciones, son los denominados endemismos de dolomías.

Estos endemismos se caracterizan por presentar un porte bajo, la mayoría son herbáceas, sus hojas y tallos están recubiertos por un tomento blanquecino, que se ha desarrollado como mecanismo de adaptación para evitar la perdida de humedad y soportar la fuerte insolación. Entre una larga lista de especies se encuentran Andryala ramossisima, Anthyllis tejedensis, Anthyllis vulneraria subsp argyrophylla, Arenaria modesta, Brachypodium boissieri, Brassica repanda subsp blancoana, Centaurea bombycina, Centaurea granatensis, Convolvulus boissieri, Draba hispanica, Echium albicans, Iberis carnosa subsp granatensis, lavandula lanata, Odontites hispanica, Pterocephalus spathulatus Ptilosthemun hispanicus, Santolina canescens, Thymus baeticus, Thymus granatensis, Thymus longiflurus.

El matorral mediterráneo también presente y muy extendido en los claros de pinar, con especies como romero (Rosmarinus officinalis), romero macho (Cistus clusii), aulaga (Ulex parviflorus) mejorana (Thymus mastichina) o tomillo (Thymus zygis subsp gracilis), con la particularidad que aparece enriquecido con los endemismos dolomíticos anteriormente citados.
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