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Un ave de carácter tímido y huidizo de color tierra, que se agazapa entre los matorrales y que, cuando huye, corre en lugar de volar, puede llegar a parecernos invisible. Y una rareza exquisita que habita en nuestros campos más olvidados, siempre en zonas más o menos llanas donde se alternan los cultivos de cereales y matorral con manchas de arbustos.


La Alondra ricotí es un ave tan esquiva que en los últimos años incluso ha cambiado de nombre: a comienzos del siglo XX era conocida como Alondra de Dupont (Chersophilus duponti), en un homenaje a Léonard Dupont, el explorador francés que capturó los primeros ejemplares, y se creía que su población ibérica podría alcanzar la respetable cifra de 15.000 parejas reproductoras. Hoy se denomina Alondra ricotí, nombre que ha recibido gracias a su característico canto: un gorjeo que se alterna con un silbido aflautado para finalizar con un 'chu-chí'.


Esta ave paseriformes, de unos 18 centímetros de porte, cuerpo recio, cola corta y pico largo y ligeramente curvado, carecen de la pequeña cresta tan característica de otras alondras y cogujadas. Anida en el suelo, bajo algún resguardo vegetal, y se alimenta de insectos y semillas que recoge en su interminable labor de rastreo a ras de tierra. El color de su plumaje, pardo grisáceo, con el pecho listado y el borde de la cola blanco, es su principal aliado, puesto que le ayuda a permanecer oculta entre las matas.
La conservación en Europa de la Alondra ricotí parte de sus áreas de distribución actual, exclusivamente en España, y en el resto del mundo en zonas muy localizadas de Argelia y Marruecos, siempre al norte del Sáhara. En nuestro país se había sobre valorado su presencia, y habían fallado los censos, puesto que ahora sabemos que aquellas 15.000 parejas era un cálculo excesivamente optimista, y que en realidad no deben sobrevivir más de 2.000 parejas.


Habita fundamentalmente en las zonas esteparias del centro y Este de la Península Ibérica, particularmente en los páramos castellanos y el valle del Ebro, en las comunidades de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón y Navarra. Actualmente tan sólo contamos con cuatro poblaciones reproductoras de la especie en Andalucía. Se encuentran en Sierra de Gádor, litoral almeriense, en la Hoya de Guadix Baza y, la más importante, en el Padul, en los Cerros de Abajo.

Se trata de una especie de corta vida y con muchas dificultades de reproducción, por lo que una población local puede desaparecer en tres o cuatro años. Además, necesita mucho espacio -hasta 10 hectáreas-, lo que complica aún más la conservación.
En la actualidad la Alondra ricotí subsiste en pequeñas poblaciones aisladas entre sí. Frecuentemente se han encontrado poblaciones formadas por entre diez y 20 parejas que distan de las más próximas decenas y hasta centenares de kilómetros. Esta fragmentación en pequeños grupos es el primer paso para su desaparición, como se ha podido comprobar en otras especies. Está catalogada en peligro de extinción por el Libro Rojo de las Aves de España.


Todos estos datos, aunque alarmantes, debemos enfocarlos en el sentido de reconocer un valor añadido a la zona de los Cerros de Abajo. Una vez que conocemos la importancia ecológica que supone la presencia de Alondra ricotí es necesario contribuir, cada uno en la medida de sus posibilidades, a su conservación para que siga siendo durante mucho tiempo la población de El Padul una de las más importantes de la Península Ibérica.