VISTA DESDE EL FALSO PATIO

Seguimos en el mismo espacio pero, ahora, mirando a la parte del Castillo en que vemos los dos cuerpos cuadrangulares de tres plantas que delimitan el edificio.

La tapia almenada evoca muchos recuerdos; acontecimientos que sucedieron en este lugar: Los de la familia Aróstegui; cuando marchan a vivir a Granada, los de los arrendatarios o capataces de sus posesiones; más tarde, los sufrimientos de los presos de la guerra civil; incluso alguno muy curioso. Os lo cuento: siendo alcalde de nuestra villa Diego Villena Álvarez, vivía en esta Casa Grande y administraba las tierras de los Herrasti. Como es lógico tenía yuntas para la labranza. Pues bien, "Los Gazpachos”, sus gañanes, se llevaron buenos sustos en las cuadras cuando estaban encerrando los mulos oían voces y frases muy extrañas, que no sabían de dónde procedían. Procedían del amo, pues ventrílocuo.

Otra anécdota, ya más moderna. Unos muchachos hicieron la apuesta de recorrer las murallas saltando de almena en almena, con el peligro de caer al vacío y romperse la crisma. Uno lo consiguió. Locuras de juventud.