EL CRISTO DE LAS ÁNIMAS.

Impresionante imagen, amenos para los niños, que no para los mayores según os contaré. Este conjunto imaginero se encuentra al fondo de la iglesia y, quizás por su ubicación, ha sufrido algún despojo. Lo componen en la actualidad una talla de Cristo, maravillosamente rematada, pero de autor desconocido; a sus pies se encuentran dos ánimas medio ardiendo en el purgatorio esperando el ascenso a la gloria con El.

Hace años había en El Padul mucha devoción a "las ánimas benditas". ¡Cuántas veces se ha escuchado en nuestros hogares esta expresión cuando nuestras abuelas o madres perdían algo esperando su ayuda! Se les encendían mariposas en aceite día y noche.

Echaban donativos en su cepillo colocado al efecto. Muchas misas se dedicaban para que las almas de nuestros parientes difuntos purgasen rápidamente sus pecados y fueran conducidos al cielo.

Y, es más, antiguamente había una hermandad de las Ánimas que, entre otras cosas, organizaban lo siguiente para conseguir donativos. Cuando llegaba su tiempo compraba un marrano y lo dejaban libre por las calles del pueblo. Comía donde él quería y, si entraba en alguna casa ya tarde, allí le acomodaban su cama. Todo el mundo lo respetaba mucho, ¡Era el marranico de las Animas! Luego, ya cebado, era sacrificado para venderlo y sostener las misas que se dedicaban a las ánimas. Era por Navidad.

Como también lo era, en el día de los Inocentes, el baile que se organizaba por los jóvenes, llamado la subasta de las ánimas. Se reunían en la plaza, tocaban instrumentos de cuerda. De pronto uno decía:

- Doy un duro para bailar con fulana.
Otro mozo, que a lo mejor la pretendía, replicaba:
- Dos duros para que no.

Así se hacían las pujas. El que diese más dinero conseguía su propósito, dando el dinero pactado a la hermandad de las Ánimas para misas.